Archivo mensual: octubre 2009

Educación para la ciudadanía, mas necesaria que nunca.


Hoy PAZ Y SOCIALISMO trae ante ustedes un documento excepcional y dramático.  Se trata de un terrible ejemplo de condicionamiento conductual donde seres indefensos son adiestrados en el fascismo, el odio visceral al progreso humano, y la negación de la Ciencia.  Así es como el clero y la derecha cavernaria intentan educar a la juventud. Esa es la oscura manera que hoy les revelamos. Por ello, compañeros, debemos exigir que Educación para la Ciudadanía ademas de imponerse obligatoriamente aumente su carga lectiva hasta las 20 ó 25 horas, sin preocuparnos de disminuir las clases de lengua españolista; de matemáticas, ciencia inútil;  o de historia de España, ficción franquista.

Sea y juzguen ustedes:

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Nuevos sistemas de enaltecimiento y juicio popular instalados


Queridos compañeros, este cuaderno digital se engalana, y como habrán podido comprobar ofrece nuevos sistemas para que puedan alabar sus contenidos. Así mismo se ha dispuesto un sistema de JUICIO POPULAR para que Vds puedan delatar aquellos comentarios que consideren fascistas, contrarios a Nuestro Líder, nuestro Partido, o simplemente aquellos cuyas justas ponderaciones y loas no alcancen la debida altura. No quedándonos aquí, retratamos en el siguiente texto la actitud que exigimos, y la que condenamos, de todo progresista ante el socialismo :

Se estaba celebrando en la región de Moscú una conferencia distrital del partido. La moderaba el nuevo secretario del Comité Regional en sustitución del que habían encarcelado recientemente. Al final de la conferencia se adoptó una resolución de fidelidad al camarada Stalin. Como es natural, todos se pusieron en pie (como se ponían en pie, de un salto, cada vez que se mencionaba su nombre en el curso de la conferencia). La pequeña sala prorrumpió en «tumultuosos aplausos que desembocaron en una ovación».

Soviet Supremo

Soviet Supremo

Tres minutos, cuatro minutos, cinco minutos, y continuaban siendo tumultuosos y desembocando en ovación. Pero las palmas de las manos dolían ya. Se entumecían los brazos levantados. Los hombres maduros iban quedándose sin aliento. Se trataba de una estupidez insoportable incluso para los que adoraban sinceramente a Stalin. Sin embargo: ¿Quién sería el primero que se atrevería a parar?

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